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Lutendele, un rayo de esperanza

Nuestra experiencia en la República Democrática del Congo cuando visitamos el proyecto de capacitación agraria que desarrolla nuestro socio local CECFOR, con el apoyo de la Diputación de Barcelona.

Apenas había amanecido y ya podíamos oír, al acercarnos, las azadas de aquellas mujeres golpeando con fuerza la tierra. De vez en cuando, un golpe seco indicaba que alguna de ellas había tropezado con alguna piedra. Se erguían, elegantes como todas las mujeres africanas, y se secaban con el dorso de la mano el sudor de la frente, para clavar su mirada de nuevo en la tierra removida. Las mujeres del proyecto “Seguridad alimentaria, capacitación técnica y empoderamiento de mujeres campesinas de zonas agrícolas", seleccionadas por nuestro socio local CECFOR, trabajan a año tras año, desde 2005, en diferentes zonas rurales de Kinshasa. El socio local logra la implicación de sus beneficiarias al trabajar los campos de cultivo y así poder desarrollar una actividad generadora de recursos, la de la venta de sus excedentes para poder adquirir otros alimentos y proporcionar a su familia una alimentación diversificada. Es un trabajo muy duro que, con la ayuda de los responsables del proyecto, transformará la visión de esas mujeres de la economía de mera subsistencia a la oportunidad laboral y la seguridad alimentaria.

Desde 2005 llevamos extendiendo este proyecto por diversas zonas de la R.D. del Congo y, a través de nuestra contraparte local, CECFOR, hemos ido viendo como a base de enseñar y capacitar, las mujeres africanas aprenden a trabajar y a ser dueñas de sus propias vidas, siendo ellas, también, quienes llevan alimentos y dinero a casa. Por eso, con la colaboración de la Diputación de Barcelona, hemos extendido este año el proyecto a la zona de Lutendele; una zona muy rica en cultivo pero muy pobre en la economía individual de cada uno. Aprovechando que viajábamos para evaluar los proyectos, decidimos pasarnos allí un día entero observando como estaba funcionando. Y nos sorprendimos gratamente.

Durante todo el día anterior y por la mañana de nuestra visita, no había parado de llover. Aún así, cuando el temporal se calmó, y aunque estaba todo lleno de barro, las mujeres de Lutendele salieron a trabajar sus parcelas. Nos impactó muchísimo, ya que era muy complicado poder trabajar en ese momento, pero allí estaban: haciéndolo con el máximo de dedicación posible. Tenían quejas, claro, pero eso no les impedía seguir cultivando las tierras. Además, nos recibieron muy alegres. Mamie, la ingeniero coordinadora del proyecto allí, nos presentó como la Fundación que estaba haciendo posible que ella pudieran cultivar esas tierras; y solo con ver sus caras de agradecimiento, sabíamos que el proyecto iba a avanzar

Muchas quisieron acercarse a hablar con nosotras en Lingala. No las entendíamos, claro, pero Mamie estuvo con nosotras todo el rato para traducirnos, y es que tenían mucho que explicar. Nos contaron que desde que estaban trabajando en el campo les era posible llevar a sus hijos a la escuela, así como también, que cada día tienen algo que poder comer en casa; cosa que, hasta ese momento, les había resultado imposible. Muchas se sentían capaces de todo a raíz de trabajar y eso nos hacía muy felices. 

Estuvimos con ellas todo el día y, aunque nosotras éramos la novedad, ninguna paró de trabajar su parcela; solo cuando nos acercábamos a saludar y se paraban un rato para hablar. Aprovecharon esa situación para comunicarnos, también, cosas que les gustaría tener o mayores facilidades y eso nos llevo a pensar que, aunque vamos por el buen camino, siempre se puede mejorar. Y eso haremos. Nos hemos enfrentado a la realidad de allí durante tres semanas y hemos vuelto con muchísimas ganas de mejorar las cosas.

Fue una experiencia magnífica. Nos dejó impactadas por las ganas que tenían esas mujeres. Por eso, aprovechamos para grabar algunas imágenes que reflejaran el gran trabajo que hacen allí esas mujeres. Os lo dejamos a continuación para que podáis ver de lo que os hablamos y valoréis el esfuerzo que hacen cada día estas mujeres de Lutendele.

 

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