fbpx

Volvemos a casa

Amanece en Kimlea. Y aunque nuestro vuelo es a las 19:40, la despedida empieza temprano. Primero, las chicas de la escuela; después, las profesoras con las que hemos coincidido ... y como no, Frankie, Alice y todas ellas, que nos han cuidado tanto y que son parte de nuestra experiencia africana. Probablemente volveremos. Hay entre nosotros quien ha vuelto. Pero la primera vez se recuerda siempre de manera especial, porque África te transforma. Porque, como dice el amigo Aldekoa, es una historia de carreteras de tierra, de viajes en autobuses destartalados y de platos de mijo compartidos. África es un océano. Un lugar inabarcable y aparentemente homogéneo si se observa desde la superficie, pero diverso y extraordinario cuando nos sumergimos en su interior. 

Llegamos temprano en el Aeropuerto, donde nos despedimos de aquellas tres africanas con quienes más historias hemos compartido, y a las que no olvidaremos nunca: Chela, Horte y Wambui, que quiere decir cebra.

En casa nos esperan para compartir nuestras aventuras.